La realidad siempre supera a la ficción

Es curioso que nos tilden a nosotros, los que queremos ir contra la muerte del espíritu, de soñadores, de nostálgicos, de estar fuera de la realidad. Y resulta curioso porque esa realidad cotidiana, la cruelmente materialista, es mil veces más onírica, más ficticia, más inestable y ridícula que la nuestra, que pretende defender también el plano espiritual de la existencia. Pero, claro, el secreto de la vigencia de este patético sentido del mundo, es justamente que la mayoría de las personas no lo perciba así.

La realidad negadora del espíritu, es la que constituye en verdad un sueño. El sueño de un paraíso en la tierra llamado progreso, realizable a través del consumo y del avance tecnológico.
Es cada vez más evidente que eso resulta un espejismo. Sin embargo reconocer y considerar otros valores, que en lugar de esclavizar al hombre lo enaltezcan, se nos dice que es nada más que soñar.
¿Es que no es suficiente con la contaminación, la droga, el cáncer cada vez más frecuente, los suicidios, la cotidiana angustia por el dinero, el calentamiento global, el terrorismo, el paro, la falta de vivienda, la incertidumbre, las bandas criminales, la inmigración descontrolada, los discursos de los políticos, la disolución de las patrias, y otras tantas cosas que podrían enumerarse infinitamente, como para no admitir que el verdadero sueño es esa pesadilla cotidiana?
Si milenios de cultura abandonados en pos de una quimera suicida son un sueño, pues entonces habrá que defender ese mundo onírico. Mejor las brumas del pasado, que el aire tóxico que nos llena cada día los pulmones.
Si desconocer la realidad es admitir que Bach es superior al ruido que hoy se tiene en general por música, la desconocemos.
Si desconocer la realidad, es no plantearse hasta dónde se van a derribar los límites, en una sociedad que se encamina claramente hacia todo tipo de hecatombes, entonces habrá que desconocerla.
Es muy curioso que algunos vean lo onírico y lo irreal en la nostalgia del guerrero o del poeta, mientras cada día sus propios compatriotas mueren bajo las bombas colocadas anónimamente en las calles o en las estaciones de tren, y sus soldados caen en tierras lejanas, en tanto que la propia tierra natal se vuelve cada vez más insegura.
Al parecer, las pantallas han logrado convertirse en algo más real que toda nuestra historia, y han instalado la idea que todo lo que signifique ver las cosas de otro modo, debe ser llamado nazismo, o alguna otra cosa que termine en ismo.
Es lo que ocurre cuando la propaganda reemplaza a la cultura. Entonces ya no se puede exponer un pensamiento sin quedar sujeto a la agresión.
Es como dice la vieja frase: la realidad siempre supera a la ficción.
Juan Pablo Vitali
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~ por msrmalaga en 01/10/2009.

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